Fichas con un candidato que tiene el currículum perfecto: la trayectoria encaja, las referencias son buenas, la entrevista ha ido bien. Seis meses después, esa persona se ha ido o el equipo que debía liderar funciona peor que antes de que llegara. El problema casi nunca fue la capacidad técnica. Fue que ese directivo no encajaba con la forma de decidir, de comunicar o de gestionar conflictos que tiene tu empresa, y nadie lo puso a prueba antes de firmar.
Un fichaje directivo fallido por este motivo no se queda en el coste de haber hecho el proceso dos veces. Durante los meses en que ese directivo estuvo en el puesto, se tomaron decisiones con su criterio, se perdió al menos parte del equipo que no encajó con su estilo, y el proyecto que debía sacar adelante se retrasó o cambió de rumbo a medio camino. Reconstruir eso cuesta bastante más que repetir una búsqueda, y la factura no siempre aparece en una partida que el comité pueda señalar con el dedo: se reparte entre meses de productividad perdida, decisiones que hay que deshacer y un equipo que tarda en volver a confiar en quien ocupe el puesto después.